

La traducción ha sido calificada de arte, disciplina y ciencia. Mas allá de esta batalla académica, podemos certificar que esta actividad requiere años de formación específica, conocimiento especializado de otros ámbitos, experiencia, un amplio conocimiento del mundo y un perfecto dominio de las lenguas de trabajo y de su entorno cultural.
Por
eso, para ser traductor profesional hay que invertir largos años de
esfuerzo y sacrificio personal, y es que no es para menos: ¿pondría su
salud en manos de alguien que no hubiera estudiado medicina?¿Cómo poner
entonces la traducción de sus documentos en manos de quienes no están
capacitados para ello?
Una
mala traducción puede tener infinitas consecuencias negativas, desde no
causar el efecto pretendido en el destinatario a causar justamente el
contrario. En el mejor de los casos, causará mala imagen a su empresa y
perjudicará a su credibilidad, en el peor… Imagine las consecuencias
que podría tener una mala traducción de un contrato, el prospecto de un
medicamento o un manual técnico, por ejemplo.
